Talvez por razones húmedas regreso a tus piernas,
Y por una bestial cena de tu saliva en veintitrés minutos,
Recuerda que siempre te tomo de por debajo de las sábanas,
Tu lengua me insiste y me hace reincidir en viejos vicios,
Tus ojos y los míos que no riman y siempre se entrelazan,
Abrazados sin brazos palpitando uno adentro del otro,
Te arrastro a mi boca o me arrastras a tu cuerpo,
Pero ambos estamos con las rodillas lastimadas.


